La multitud

12 Junio, 2012 (11:03) | Uncategorized

“Reconozcámoslo: nos fascina parecernos a los demás –de allí el espíritu de grupo, pero también el nacionalismo, el racismo y la xenofobia, ideas siempre odiosas- para  así podernos sentir identificados, seguros, como en casa. (…)

Admiramos tanto a los héroes y execramos tanto a los criminales porque en realidad se requiere un enorme esfuerzo para distinguirse de la multitud. Una especie de inercia imitativa guía buena parte de nuestras conductas. Como el Zelig de Woody Allen, nuestro animal totémico es el camaleón. Parecemos condenados a la uniformidad, a repetir los mismos aspavientos de la masa, sus mismos prejuicios, sus mismos pudores, sus mismas manías.

No se trata tanto de que las multitudes no piensen, sino de que el contagio de una actitud, en especial si es violenta y entusiasta, se vuelve atractiva de inmediato y empieza a correr como la pólvora. Los brazos en alto remedan una tabla gimnástica,  los gritos se suman en un coro enardecido, los rostros iracundos, febriles o extáticos se repiten por doquier y, sin apenas darnos cuenta, nos descubrimos vitoreando a un goleador –o linchando a un pobre diablo. (…)

Las neuronas espejo no sólo nos llevan a imitar las conductas de los demás, por más abnegadas o infames que éstas sean, sino a entenderlas. Antes se creía que intentábamos comprender a los otros por analogía, comparándonos racionalmente con ellos; ahora sabemos que el proceso es más expedito e involuntario. Cuando te miro llorar, en mi cerebro tú lloras y yo lloro al mismo tiempo: las dos personas gramaticales se confunden.

En las neuronas espejo, el yo y el otro se traslapan, se trenzan, se enmarañan –por un instante dejamos de estar aislados en el recóndito interior de nuestros cráneos y creamos un vínculo virtual con los demás-. Seré más drástico: de hecho, el yo sólo se modela a partir del contacto con los otros”

Leer la mente.

El cerebro y el arte de la ficción. Anagrama, 2011.

Jorge Volpi.



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