Se ha sentido sola alguna vez, Dra. Davis?
(fragmento de Mi Psiquiata era Bette Davis, p.p.)
José Augusto Colis
-¿Se ha sentido sola alguna vez, Dra Davis? Nadie es perfecto… Verá… Hubo momentos en el pasado en que hubiera dado la vida por sentirme solo. Para un esquizofrénico la soledad es un lujo. Nuestra soledad si que es sonora, como la de San Juan de la Cruz o Teresa de Avila, gente formidable y sintomática, a mi parecer. Si eres esquizofrénico, despreocúpate, no te encontrarás solo: siempre te acompañan las mismas voces intrusas, sonoras; sonido de las mismas palabras que construyen siempre las mismas frases y provocan los mismos miedos. A mi no me da miedo la soledad, Davis, a mí quien me da miedo son los otros, el infierno de los otros[1], porque hace mucho tiempo dejé de ser como ellos. Si yo fuera como los otros, un tipo normal, una persona de la calle, encontraría solaz y esparcimiento en los pequeños detalles de lo cotidiano que ahora me están vedados. Me gustaría, por ejemplo, sentarme en una silla, como ahora, para reposar tranquilo…, a salvo de cualquier inquietud interior; que mis brazos parecieran desplomados sobre los muslos y mis manos se distendieran en una suave languidez. Me gustaría, Davis, complacerme en la misma rutina de los otros, incorporarme a ella, despotricar con desenfado junto a mis amigos[2], disfrutar con la sucesión natural de los pensamientos y concebir ideas, sentir apenas el transcurso del tiempo, demorarme en el disfrute de las sensaciones, reinar como rey de espadas sobre mis emociones, zambullirme sin miedo en la normalidad de los otros. Pero… ¿y los otros? Si yo quisiera participar de su normalidad…¿estarán dispuestos, Davis, a acogerme?[3] Tengo mis dudas. A la gente no le gusta que perturben su espléndida normalidad, desconfía de los extraños, se percibe frágil ante la contemplación de lo diverso. Sueñan con un mundo poblado de espejos que siempre devuelvan la propia imagen; prefieren las mismas caras, la misma idea, la misma creencia; vidas tan parecidas unas de otras que bien podrían vivirse una sola vez y por una única persona. Para semejante uniformidad no se necesitan tantos individuos. Yo les temo a ellos, pero ellos huyen despavoridos cuando me aproximo[4]. Las personas pueden recobrarse de su neurosis, restablecerse con su enfermedad mental, pero no pueden curarse de sí mismas[5]. Imaginan, torpes, que soy una amenaza; suponen que puedo agredirlos con la hostilidad que no alberga mi corazón o desconcertarlos con la transgresión de las normas concebidas para su salvaguarda[6]; suponen, algunos, que estoy poseído por sobrenaturales embrujos o he accedido a conocimientos y evidencias sobre la existencia que me han enloquecido. Pero la locura no existe[7], Davis, salvo para los cuerdos, que pueden gozar locos de alegría o enajenados por el amor. Yo no estoy loco, Davis. Admito, sí, el trazo alborotado de las neuronas, mi drama dopaminérgico[8], la cristalina fragilidad, la vulnerabilidad que me hace ovillo, el afrontamiento doblegado[9], el gusto por la huida, la borrosa motivación, la acusada perplejidad, la claudicación de mis sentidos, la turbiedad del pensamiento, el estructurado delirio, el hostil hablador que me atormenta, mis dioses necesarios y fingidos. Admito, en fin, una enfermedad; admito mi existencia leve, que de tan leve, es ausencia de mí mismo… admito lo que ustedes quieran… pero yo no estoy loco. Nadie está ya loco.
[1] “Allors c’est ca l’Enfer. Je n’aurais jamais cru…Vous vous rappelez: le soufre, le bucher, le gril…Ah! quelle plaisanterie, Pas besoin de gril, l’Enfer c’est les Autres”. Huis-clos. Jean Paul Sartre.
[2] “Un tercio de las personas con esquizofrenia nunca tienen un amigo”
[3] En los estudios antropológicos que han examinado los resultados de trabajos transculturales, se ha encontrado un consenso en el hecho de que hay un reconocimiento universal de las enfermedades mentales y que se asocia a estas un estado identificado como “distinto y indeseable” y que hay una tendencia a estigmatizar este tipo de enfermedades en todas las culturas y sociedades
[4] “A pesar de las campañas educativas periódicas, los prejuicios continúan; ello se refleja en los conflictos que surgen alrededor de lugares residenciales para estas personas, en una aceptación social desfavorable y en prácticas negativas de contratación.
[5] “Las personas pueden recobrarse de su neurosis, pero no curarse de si mismas” Jean Paul Sartre.
[6] “Muchos psicóticos no son violentos y, además, es más probable que sean víctimas y no agresores. Sin embargo, la probabilidad de que se den comportamientos de asalto entre esta población es significativamente mayor que en una población no seleccionada especialmente aquellos que viven por su cuenta, a menudo en el rango de los “sin hogar” –homeless—es decir, aquellos entre los que no es probable que puedan tomar regularmente un medicamento y/o que acudan o accedan regularmente a tratamientos de ese trastorno
[7] Esquizofrenia, paranoia, etcétera, son palabras de un campo semántico científico que arrebata definitivamente al enfermo mental de la locura, y deja confinada a ésta a un uso enfático, mítico, cultural y moral. La locura no existe, y, sin embargo, es el origen de la ignorancia y del prejuicio hacia unos enfermos mentales que nada tienen que ver con ella.
[8] La hipótesis dopaminérgica es la más sólida y la que da explicación más amplia del trastorno, aunque los interrogantes que plantea superen a los que responde.
[9] J. Zubin y B. Spring en 1977 y J. Zubin y S. Steinhauer en 1981 describieron los primeros modelos de vulnerabilidad/estrés para la esquizofrenia. Se asumió que ésta no es un trastorno continuo pero sí lo es la vulnerabilidad a ella, que podría mantenerse latente toda la vida o manifestarse cuando determinados factores vitales actuasen como estresores.